“RASGAD VUESTRO CORAZÓN, Y NO VUESTROS VESTIDOS, Y CONVERTIOS A JEHOVÁ VUESTRO DIOS”. (Joel 2:13)
El Miércoles de Ceniza es un día de arrepentimiento, la puerta de entrada para el tiempo de Pasión. Arrepentimiento significa: regresar al único y verdadero Dios. Es una antigua, pero siempre olvidada verdad, que el arrepentimiento tiene que crecer de adentro hacia fuera. Ella no puede comenzar o tal vez sólo quedar en el exterior. El mismo debe comenzar de adentro, del corazón: “Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos”.
Pero precisamente aquí está el problema: Mis viejos y sucios vestidos se cambian más fácilmente que mi pecaminoso corazón. Para decirlo más claramente: Mis vestidos los puedo romper literalmente, pero no así mi corazón. Sencillamente no llego a mi corazón. Este es todo el problema, y no solamente conmigo. Por eso está latente con muchas personas angustiadas, el peligro que se quede sólo con rasgarse los vestidos. Si bien, se espantan ante los juicios de Dios, y tal vez cambian su comportamiento externo, pero no se vuelven a Dios. Su corazón permanece sin cambio alguno.
Por eso se nos dice: “Convertios a Jehová, vuestro Dios”. Para el verdadero arrepentimiento corresponde el reconocimiento del pecado, sentir realmente el haber hecho lo malo, confesarlo donde corresponda y, sobre todas las cosas, la fe en el perdón de parte de Dios. Por eso David oró, después de haber reconocido su pecado: “Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios” (Sal. 51:17) Este es el consuelo de todo aquél que regresa a Dios: El Señor es clemente y misericordioso, y sana los corazones desgarrados.
El tiempo de Cuaresma, al recordar la intercesora pasión y muerte de Cristo Jesús, nos quiere ayudar a ello. Por eso meditemos con toda seriedad en este tiempo en el gran amor de Dios, para que en todo momento estemos seguros de nuestra salvación obrada por Cristo Jesús, y nos alegremos por ello.
Crea en mí, oh Dios, el nuevo espíritu, para que te obedezca con agrado, y sólo desee lo que tu quieres, y llena mi corazón con el mismo. Por Cristo Jesús. Amén.
Lucas 17:17-19
“Jesús dijo:¿Acaso no eran diez los que quedaron limpios de su enfermedad? ¿Dónde están los otros nueve? ¿Únicamente este extranjero ha vuelto para alabar a Dios? Y le dijo al hombre: Levántate y vete; por tu fe has sido sanado”.
Hay que Agradecer a Quien Corresponde
“Exactamente 36 segundos y 3000 metros separaban de la superficie del océano Pacífico al avión Chino con 266 pasajeros a bordo, cuando el piloto pudo evitar la amenazante catástrofe, al enderezar el avión que caía en picada”.
Así lo relató un diario en febrero de 1985. Uno de los pasajeros contó: “ya todos nos habíamos despedido de la vida y solo podíamos orar”. Y el diario agregaba: “Una vez más salvaron la vida”.
¡Salvar la vida! ¡Haber tenido suerte! ¿Y nada más? ¿Habrá habido algún pasajero que no sólo haya orado durante esos momentos críticos, sino que después haya agradecido a Dios por salir vivos de ese hacho? No lo sabemos, sólo lo esperamos.
El piloto de dicho avión fue honrado como el héroe del día. El agradecimiento, ¿Se dirigió solamente a ese hombre? Sí, así lo fue, es verdaderamente una lástima y una gran tristeza, debido a que más una vez Dios ha quedado desplazado, no ha sido reconocido como el verdadero autor en evitar esa catástrofe.
Pero otra pregunta nos apremia. Cuando llegue el momento, y llegará inevitablemente, en que ya no habrá posibilidad de salvar la vida, ¿Estaremos preparados para encontrarnos con Dios? Vale la pena reflexionar sobre esta pregunta, porque la eternidad depende de ella.
Hace siglos, el profeta Amós exhortaba a sus contemporáneos, diciendo: “prepárate para venir al encuentro de tu Dios” (4:12). Y esta es la invitación de hoy. Cuando hayamos seguido su consejo y tengamos la nueva vida que nos da nuestro Dios y Salvador, sepamos agradecerle y glorificarle. Dios espera que todo ser humano lo alabe y lo reconozca como el único que puede conducirlo al verdadero propósito para el cual Dios lo ha creado, que es para vida eterna y salvación.
“Alabemos al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que por su gran misericordia nos ha hecho nacer de nuevo por la resurrección de Jesucristo. Esto nos da una esperanza viva”. (1 P. 1:3).
|
|
JESÚS Y LA TECNOLOGÍA-
¿Qué sucedería si Jesús decidiera instalar un contestador telefónico automático, en el cielo?
Imagínate, tu, orando, y escuchando el siguiente mensaje:
- Gracias por llamar a la casa de mi Padre...
- Por favor, seleccione una de las siguientes opciones:
Presione 1 para “Peticiones”
Presione 2 para “Acción de Gracias”
Presione 3 para “Quejas”
Presione 4 para “Cualquier otro asunto”.
Imagínate que Dios usara la gran excusa:
- Nuestro interés es atenderle; pero de momento, todos los Ángeles están ocupados atendiendo a otros pecadores, por favor manténgase orando en línea, y su llamada será atendida en el orden que fue recibida.
-
¿Te imaginas recibiendo este tipo de respuesta? :
Si deseas hablar con Pedro, presione el Nro. 5.
Con el Arcángel Miguel, presione el Nro. 6.
Con cualquier otro Ángel, presione el Nro. 7.
Si desea que el Rey David le cante un Salmo, presione el Nro. 8.
Si desea hacer una reservación en la Casa de mi Padre, presione Juan, seguido de 3:16.
¿Te imaginas lo siguiente en tu Oración?:
- Nuestra computadora señala que ya llamó usted hoy, cuelgue inmediatamente y despeje la línea para que otros puedan llamar.
O bien la siguiente: - Nuestras oficinas están cerradas el fin de semana. Por favor llame el lunes.
GRACIAS A DIOS, que esto no sucede,
GRACIAS A DIOS, que lo puedes llamar en oración cuantas veces lo necesites,
GRACIAS A DIOS, que a la primera llamada, Él te contesta,
GRACIAS A DIOS, que Él responde personalmente y nos conoce por nombre,
GRACIAS A DIOS, que Él conoce nuestras necesidades antes que se las manifestemos,
GRACIAS A DIOS, porque de nosotros depende llamarle,
GRACIAS A DIOS, porque leíste este mensaje!!!.
PD. Te ruego, hagas llegar este mensaje a tus amigos y familiares, o ¿estás muy ocupado?
(Colaboración de Liliana Kramer)
"¿Con quién pueden ustedes compararme? ¿A quién piensan que puedo parecerme?"
(Isaías 46:5)
En verdad es una gran insensatez y un idolátrico atrevimiento todo intento de hacer una imagen de Dios o de compararlo con alguna criatura, como si Él fuera semejante al hombre o a cualquier cosa que nosotros podemos ver y/o tocar.
¡Dios es, como Él es! Y nosotros tenemos que reconocerlo, creer en él y adorarlo así como él se nos dio a conocer en su palabra. Y si nosotros no lo podemos comprender, no por eso dejarnos confundir o sacar conclusiones propias.
Dios sería un dios muy pequeño si pudiera ser captado por la inteligencia o el razonamiento humano. Tengamos siempre presente que hay un solo Dios, una sola esencia divina: "Oye Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es" (Deut. 6:4). Pero es éste único Dios, es esta única esencia divina, hay tres personas distintas: el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo.
El verdadero Dios es el Dios trino. En Dios hay tres personas distintas, pero una sola esencia divina. Estas tres personas no son tres dioses o tres señores, sino un solo Dios, un solo Señor. Estas tres personas no son tres partes de la esencia divina, sino que cada persona es Dios en toda su plenitud.- El Padre es Señor, el Hijo es Señor, el Espíritu Santo es Señor. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son iguales en todo, pues Él es el único y verdadero Dios. Nosotros fuimos bautizados en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.-
Dios es un Dios en tres personas y tres personas en un solo Dios. Así lo declaran las Escrituras, y así lo tenemos que creer aunque no lo podamos comprender. Por eso nos dice Dios: "¿Con quién pueden ustedes compararme? ¿A quién piensan que puedo parecerme?". Dios es, como Él es; y como Él es, se nos dio a conocer, y así lo tenemos que aceptar.
ORACIÓN:
Todopoderoso y eterno Dios, que nos enseñaste a que te aceptemos en verdadera fe como el único y verdadero Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo; tres personas distintas pero en una sola esencia divina. Te rogamos que conserves a toda la cristiandad en esta verdadera fe y nos defiendas siempre de toda adversidad, tu que vives y reinas, siempre un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
|