IGLESIA EVANGÉLICA LUTERANA ARGENTINA
| PREFACIO A LA EDICIÓN EN ESPAÑOL |
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En el Capítulo 8 del Evangelio según San Juan, Jesús dice:
«Si vosotros permanecéis en mi palabra, verdaderamente sois mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» (San Juan 8:31-32, Biblia de las Américas). Estas palabras de nuestro Señor son, en realidad, la razón por la cual este libro, y todos los otros libros similares existen. Con ellas él nos recuerda que la profundidad de nuestra fe depende no sólo de nuestra asistencia a los cultos de adoración—tan importante como ellos son—sino, también, del tiempo que dedicamos a la oración y al estudio de su palabra. Si vamos a ser sus discípulos, ¿cómo vamos a lograrlo si no dedicamos parte del tiempo que tenemos disponible al estudio de su palabra? Y si vamos a estudiar su palabra, ¿vamos a estar satisfechos con la lectura de la Biblia sin sondear su profundidad, sin meditar sobre su significado? ¡Claro que no! Jesús nos la ha dado para que aprendamos más y más acerca de Dios y de lo que él ha hecho por nosotros.
El fin de nuestro estudio y nuestra meditación es el conocimiento de la verdad acerca de nosotros, acerca de nuestro Dios y acerca del universo que él ha creado para nuestro bienestar. Sólo cuando descubrimos la verdad que Dios nos ha revelado en su palabra, nos vemos como realmente somos, pecadores necesitados de la gracia de Dios; lo vemos a él como realmente es, un Dios justo, pero sumamente bondadoso; un Dios que estuvo dispuesto a sacrificarse a sí mismo para rescatarnos de la escoria en que vivimos y así librarnos del pecado que continuamente estorba la vida gozosa que él nos ha concedido.
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2-Dios
3- La creación y la providencia
5- La Iglesia
8- La santificación por el Espíritu Santo