IGLESIA EVANGÉLICA LUTERANA ARGENTINA
| Cultos / Jóvenes / Damas / Caballeros/ Escuela Bíblica |
|---|
| Reforma |
|---|
CELEBRANDO LA REFORMA LUTERANA
491años
(1517-2008)
Nuestros momentos más felices en la vida incluyen celebraciones, recordando gratos recuerdos, dando gracias a Dios por la vida que tenemos y pensando en el porvenir del futuro. Hoy estamos de fiesta, celebrando 491 años de historia, tradición, logros, bendiciones, responsabilidades y desafíos. Estamos celebrando la Reforma Luterana y sobre toda la gracia de Dios en nuestras vidas.
El protagonista principal de esta Reforma es Martín Lutero. Se destaca porque como joven estudiante en la Universidad de Erfurt en Alemania, hizo un descubrimiento que cambió su vida y el curso de la historia, nuestra historia: Descubrió una Biblia en latín en la biblioteca de la universidad donde estudiaba. A pesar de que nació en un hogar cristiano, nunca había puesto sus ojos en una copia de las Sagradas Escrituras. Sin duda, había oído porciones de los Evangelios y de las Epístolas cuando eran leídas en la misa, pero quizás nunca había podido apreciar el real significado de la Biblia. Su corazón se sintió entusiasmado cuando pudo ver y hojear las páginas sagradas. Primero leyó la historia de Ana y el niño Samuel. Al leer el relato pensó para sí: “¡Oh, si Dios pudiera darme un libro como éste!” Al igual que Lutero, a principios del siglo 16, la mayoría de la gente no poseía ni siquiera un solo volumen de las Escrituras, por su escasez y su alto costo de reproducción. Además, la Biblia solo estaba escrita en latín y pocas personas podían leerlo.
Tiempo después, Lutero ingresó al monasterio. Se sintió encantado cuando encontró una copia de la Biblia encadenada a una pared del monasterio. Usó cada momento libre para leer las Escrituras, aún quitándole tiempo a su sueño. Cuanto más leía, tanto más sentía su pecaminosidad, indignidad y su necesidad de una paz interior. Al mismo tiempo, las tradiciones de los padres de la iglesia que le habían sido inculcados, tomaron un lugar secundario en su pensamiento. Parecían insignificantes comparadas con las enseñanzas de las Escrituras. Su nueva regla fue: Sólo la Biblia como guía.
Nace en el joven monje Lutero, el deseo de compartir la Santa Palabra con su pueblo. Ellos no podían leer latín, en intentos anteriores de traducirla al alemán fueron infructuosos. Así que se propuso traducir el Nuevo Testamento al lenguaje del pueblo. El pueblo se sintió feliz de escuchar la Palabra de Dios en el alemán vernáculo.
Pero había una intranquilidad aún más profunda y perturbadora. Al principio su vida, Lutero pensaba en Dios como un juez severo. Su concepto de Cristo era similar. Lutero se estremecía cada vez que miraba al vitral en la parroquia sintiendo la mirada de desaprobación en el rostro de Jesús sentado sobre un arco iris con un espada en llamas en Su mano, listo para juzgarlo y condenarlo por ser tan indigno. Su único pensamiento era, buscar cualquier manera de aplacar la ira de un Dios tan santo e inclemente.
Este terror al Altísimo condujo a Lutero a dejar la universidad e ingresar al monasterio. Como monje, trató de encontrar la paz en una vida rigurosa de ayunos, vigilias y azotes para subyugar su naturaleza pecaminosa. No encontraba paz; nada producía amor, esperanza y mucho menos confianza ante Dios.
El piadoso director del monasterio, Juan Staupitz, vino a su rescate. En primer lugar, permitió la lectura de la Biblia a Lutero, dándole una Biblia para que la guardase para sí, y le animó a comparar Escritura con Escritura, una cita con otra cita.
Staupitz le habló acerca de la justicia de Dios que era accesible a través de Jesucristo. “¿Por qué te atormentas? Arrójate a los brazos del Redentor, tu Redentor. Dios no está enojado contigo. Escucha al Hijo de Dios. Él se hizo hombre para darte la seguridad del favor divino. Él te dice: Tú eres mi oveja, tú oyes mi voz, nadie te arrancará de mi mano.” Estas palabras trajeron gran alivio al atribulado monje, pero le tomó largo tiempo comprender su significado.
Poco tiempo después de su ordenación como sacerdote agustino, Lutero se doctoró en Teología en la Universidad de Wittenberg. Fue llamado al profesorado de la misma y se dedicó al estudio de las Escrituras en los idiomas originales. Primero disertó ante sus estudiantes acerca del libro de los Salmos, después los Evangelio y luego las Epístolas. A medida que investigaba el Nuevo Testamento, sus estudios de la Biblia le pusieron una sonrisa de misericordia al rostro de Cristo en vez de un rostro lleno de ira. Ya no era más el juez severo en la memoria de su niñez, su Señor llegó a ser el bondadoso y amado Jesús. Hubo un cambio. Los escritos de San Pablo le inspiraban aliento y confianza: “Mas el justo por la fe vivirá” (Romanos 1:17). Más tarde: “Justificados, pues por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Romanos 5:1); “…porque por gracias sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios. No por obras, para que nadie se gloríe…” (Efesios 2:8-9).
La hermosa doctrina de la justificación por la fe trajo gozo a la atribulada alma de Lutero. Cuando presentó su nuevo descubrimiento a esa antigua y eterna verdad, él se vio en conflictos con Roma. En sus tratados, sermones y debates, Lutero declaró que la salvación es un don gratuito de Dios recibido por el creyente, solamente por la fe. Esta defensa de la justificación por la fe en Cristo lo llevó a convertirse en enemigo de la iglesia; sus adversarios lo declararon hereje. Pero Lutero se mantuvo firme en el poder del Evangelio de Cristo, su fe en Jesucristo no flaqueó, sino que se hizo aún más fuerte. Por eso, además de su legado de sóla las Escrituras, también estamos en deuda con Lutero por haber destacado de nuevo la doctrina de la justificación; somos salvos sólo por la fe en Jesucristo.
Hubo acusaciones de que Lutero quiso formar una iglesia nueva, dividiendo la iglesia de Cristo. Sin embargo, cada vez que los adversarios de Lutero decían “la iglesia de Lutero” o “los luteranos” él reaccionaba diciendo que su única intención era la de reformar la iglesia a fin de que ella volviera a sus raíces, volver a Jesucristo y la gracia de Dios en el perdón de los pecados, la vida eterna y la salvación mediante la fe en Cristo. El Dr. Lutero nunca tuvo la intención de crear una iglesia nueva; aun el nombre “luterano” surgió por los opositores de dicha reforma. Él mismo se opuso a que su nombre fuese usado. Sin embargo, hoy, años más tarde, seguimos siendo Luteranos, no seguidores de Lutero, sino del Evangelio de Jesucristo, la única base de la fe Cristiana. Por eso, la Iglesia Luterana, a pesar de su nombre, es netamente Cristiana. Su fundamento está en Jesucristo y la fe en Él como Salvador.
Algunos acusan a Lutero de empezar la reforma porque quería casarse. ¡Falso! Temiendo el martirio, él se resistió a la idea por años después de su ruptura con Roma. Finalmente accedió al deseo de sus amigos y se casó con Catalina Von Bora, una ex-monja. Catia, como él la llamaba, pulió muchos aspectos de su tosco carácter y entre los dos, formaron un hogar con Cristo como centro.
Catalina y Martín llegaron a ser padres de seis hijos. A ellos se agregaron cuatro huérfanos, un sinnúmero de estudiantes hospedados, al punto que a veces el hogar Lutero tenía hasta 25 miembros. Lutero era conocido por su habilidad de enseñar y explicar las verdades de Dios. Por eso, en sus “pláticas de sobremesa” se muestra el desarrollo de su carácter, como lo revelan también sus cartas a sus hijos cuando estaban ausentes del hogar. Una de las más grandes lecciones que Martín aprendió fue la paciencia: “Tengo que tener paciencia con el Papa, con los herejes, con la familia y con Catia.” Sin pretenderlo, Lutero reinstauró el hogar cristiano como el mejor lugar para desarrollar el carácter cristiano.
Desde las páginas sagradas de la Biblia, Martín Lutero, nos mostró a respetarla y usarla como la única guía, a confiar únicamente en Jesucristo como el camino, la verdad y la vida, a poder orar con plena confianza a Dios sólo en el nombre de Jesús, y a reconocer el hogar cristiano como una escuela para el desarrollo del carácter.
La Reforma nos lleva hoy a una aclaratoria y un llamado a la reconciliación mediante una interpretación de las Sagradas Escrituras a la luz de Cristo Jesús. Cada lectura de la Biblia conduce siempre a la Iglesia Luterana a redescubrir su identidad en el Evangelio de Cristo. Por eso, en esencia, la Iglesia Luterana sostiene, enseña y defiende que la salvación viene al ser humano:
Porque no hay más que un Dios; y no hay más que un hombre que pueda llevar a todos los hombres a la unión con Dios: Jesucristo. Porque Jesucristo se entregó a la muerte para pagar el precio de la salvación de todos…” (I Timoteo 2:5 y 6)
Sin embargo, sabemos que nadie queda libre de culpa por hacer lo que manda la ley de Moisés, sino únicamente por creer en Jesucristo. (Gálatas 2:16)
Pues por gracia de Dios ustedes han sido salvados, por medio de la fe. Esta salvación no viene de ustedes. Dios la concede como un regalo, no como precio de las buenas obras, a fin de que nadie pueda alabarse. (Efesios 2:8)
Toda Escritura está inspirada por Dios y es útil para enseñar, para rebatir, para corregir, para guiar en el bien. (II Timoteo 3:16)
Todavía hoy, esta rica herencia Luterana puede cumplir con su propósito original y es nuestro estandarte
Todos los que creemos que Dios nos ha llamado, perdonado y hecho nueva criatura en Cristo, Su Hijo, tienen magníficas Buenas Noticias para proclamar. Confesar a Cristo y serle un testigo fiel significa hablar de las verdades que encontramos en las Sagradas Escrituras y hacerlas llegar con claridad y sencillez a otros a fin de que ellos, oyendo, puedan llegar a la fe salvadora en Jesucristo.
Por esta razón, y muchas más, decimos que uno de los hechos más impactantes en el mundo occidental fue la Reforma “protestante” del Siglo 16. El reformador, Dr. Martín Lutero, fue su protagonista principal. Motivado por una profunda confianza en Dios y por un redescubrimiento del mensaje salvador de Cristo en las Sagradas Escrituras, dedicó de manera incansable su vida a reformar la Iglesia y devolverle su propósito original: dar a conocer el Evangelio de Jesucristo.
Hoy, 491 años más tarde, los miembros de las llamadas iglesias “protestantes” celebramos la Reforma. El 31 de octubre de 1517, se da inicio de la Reforma Luterana en Wittenburg, Alemania. De esta forma nace el movimiento protestante Luterano que fijó su posición bíblica y doctrinal ante el error, la ignorancia y ceguera espiritual.
¿Por qué el deseo de reformar la iglesia y no fundar una nueva? ¿Por qué se llama “luterana” si Lutero no quiso que utilizaran su nombre? ¿Cómo es que Lutero y otros estaban dispuestos a dar una valiente declaración de fe en esos tiempos de confusión y error? En pocas palabras: Por su abnegado compromiso al Evangelio de Jesucristo.
Un ejemplo de la inspiración producida por la Reforma es la historia de Casiodoro de Reina, monje español que tradujo la Biblia al castellano a pesar de las muchas amenazas de la Inquisición. Hoy, años más tarde, utilizamos y disfrutamos el fruto de su arduo trabajo cuando leemos la Santa Biblia en nuestro bello idioma.